Los consumidores prefieren las soluciones simples, pero para lograrlas la empresa debe realizar tareas complejas.
Al día, como consumidores, nos enfrentamos a miles de decisiones: qué ponernos, qué comer, qué ver, qué leer, adónde ir, dónde comprar, y cada una de ellas envuelta en diferentes grados de complejidad dependiendo de la importancia que le demos a cada una de estas decisiones. Y, sin embargo, como parte de un mundo que evoluciona y del trabajo de aquellas personas detrás de la creación de nuevas ideas, productos, servicios y experiencias, el mercado sigue creando más opciones, creando así más valor para ofrecer al consumidor producto de la competencia.
La innovación y la inversión en tecnologías para crear estos nuevos productos y servicios siempre ha sido una opción recomendable; sin embargo, basta con escuchar y entender a nuestro consumidor para comprender que, a veces, la simplicidad de la elección es también una prioridad para él. Por ejemplo, una investigación por la consultora Siegel+Gale que encuestó a más de 15,000 consumidores en nueve distintos países encontró que, de acuerdo con la percepción del consumidor, aquellas marcas que eran percibidas como las que ofrecen experiencias más simples también obtienen la mejor performance bursátil y los consumidores más leales.