Según la normativa que los regula, un monopolio es ilegal cuando se obtiene de manera ilícita a través del abuso en la posición de dominio, en la concertación de precios o la obstrucción de la competencia. Y basta solo observar con atención los estantes de los supermercados o detenernos en los productos que ofrecen los kioscos para darnos cuenta que vivimos rodeados de empresas con una posición dominante en sus respectivos segmentos desde hace décadas. Los monopolios son solo perjudiciales cuando afectan a los consumidores y es en estos casos cuando los organismos reguladores intervienen para controlar sus prácticas.