Recordar lo bueno y lo malo del pasado nos ayuda a mantener un sentido de pertenencia y a generar nuevas ideas.
Todo tiempo pasado siempre será mejor” o así dice el dicho, al menos. Hemos construido el concepto comercial de vender recuerdos, vivencias, un salto al pasado a los días más relajados de la juventud del público. Y en esa construcción de esta interpretación de la nostalgia como propuesta comercial, hay algunos analistas comerciales que consideran que se está dañando el comercio, pues al promover que las personas se enfoquen en el pasado, bloqueamos la innovación, la creatividad y el desarrollo. Sin embargo, más allá de su uso con propósito comercial, olvidamos el verdadero concepto de lo que la nostalgia implica para las personas a las que nos dirigimos y en nuestro propio performance.
Analicemos este concepto como un recurso emocional que puede ser aplicado en las organizaciones. Cuando conectamos con nuestros recuerdos, accedemos a eventos significativos que hemos vivido con personas de nuestro círculo cercano como familia o amigos. Es un viaje que implica tanto recuerdos negativos como positivos, pero de manera transitoria donde el anhelo conecta con la felicidad, la pertenencia social y la gratitud. Como un proceso emocional, su poder reside en la motivación que puede suscitar e incrementar el sentido de nuestros objetivos, de nuestro propósito y nuestro compromiso con ellos mismos. Como seres existenciales, en nuestro proceso de crecimiento hacemos conexiones sociales y deseo de hacer contribuciones o retribuciones con el mundo que tengan un impacto.