El éxito es el resultado del aprendizaje del fracaso”.
Pero adoptar el fracaso como parte del proceso no es fácil. Por ejemplo, una persona que tiene miedo a hablar ante un gran público puede practicar dosificándose mediante experiencias frente a públicos pequeños y luego cada vez más numerosos hasta desarrollar una tolerancia ante situaciones de mayor dimensión. Por ejemplo, podemos diseñar una serie de pequeños experimentos en los que nos expongamos a situaciones con riesgo controlado (como intervenir brevemente en reuniones donde no somos los principales oradores) o bien practicar hablar frente a nuestros colegas o en las reuniones de trabajo por teleconferencia. Estos experimentos aumentan nuestra resiliencia y aprendizaje frente al hábito e inclusive desarrollan una suerte de inmunidad frente al fracaso cuando busquemos adoptar otros hábitos.
De manera similar, así como podemos aprender a fallar, también debemos de aprender a celebrar nuestros aciertos. Al tomar nota de nuestros aprendizajes, podremos revisar qué tanto hemos logrado en cualquier momento del proceso. Puesto que cada vez que padecemos un rechazo o una pérdida, tendemos a sabotear nuestra motivación de continuar con nuestro proceso, es importante tomar consciencia de los aprendizajes que hemos agregado durante nuestro camino. Por un lado, nuestra mente nos incita a alcanzar nuevas metas, pero a la vez, muchas veces esa misma mente produce un miedo al fracaso. Sin embargo, podemos superar estos temores al ejercicio que lleva a la resiliencia y nuestra apertura a aceptar los fracasos.
Artículo publicado en Radio Programas del Perú.