El ser sinceros con nuestros jefes nos dará la virtud de aparecer como personas fieles y responsables antes que una persona que solo busca caer bien en el trabajo”.
Esta situación podría sernos recurrente, en la que por compromiso con nuestras labores buscamos cubrir las actividades que nuestros jefes nos solicitan, aún si estas interfieren con las nuestras personales. Decir “no” nunca es fácil, y más aún después de haber aceptado, pues tenemos temor a ser vistos como un mal miembro de equipo o una persona sin camiseta. Y es normal sentir este temor y estrés por la situación. Sin embargo, esto no quiere decir que nuestros temores tengan que nublar nuestro juicio, ya que nuestra vida personal no tiene que ser afectada por la laboral.
El decir “no” después de haber aceptado el compromiso no es algo malo si está justificado en nuestras razones personales. Claro está, debemos de evaluar cuándo decir “no” es acertado analizando el costo de oportunidad de nuestra decisión. Por ejemplo, si nos piden quedarnos más horas un viernes para terminar un proyecto que nos brindará buena exposición en la empresa, tiene mucho sentido que deseemos realizar el sacrificio. El ser sinceros con nuestros jefes nos dará la virtud de aparecer como personas fieles y responsables antes que una persona que solo busca caer bien en el trabajo. La honestidad nunca será mal apreciada. Sin embargo, la honestidad acompañada de una solución alternativa es aún mejor recibida. No importa qué tan considerados seamos en el trabajo, tendremos situaciones como esta, por lo que actuar de manera sincera y sensible nos dará mayor valor como trabajadores comprometidos.
Artículo publicado en Radio Programas del Perú