Entonces, ¿cómo hacemos que suceda? ¿A quién le vendemos? ¿Dónde? ¿Cómo? Con muchas dudas y tareas pendientes, vamos a ponernos en acción:
Empecemos por definir ¿quiénes son realmente nuestros clientes? Empaticemos profundamente con ellos hasta entender dónde están, qué piensan y sienten, qué medios consultan, qué ven, a quiénes escuchan, a quiénes admiran, cuáles son sus reales necesidades. Segmentar correctamente a nuestros clientes nos invita a diseñar mejor para ellos, generar más impacto en nuestras comunicaciones, gastar menos recursos y ser más efectivos en nuestro mensaje. Recordemos que no importa qué tan buenos seamos o cuánto respaldo financiero tengamos, nunca le gustaremos a todo el mundo. Vamos entonces a dirigirnos a aquellos clientes que son nuestra razón de ser, a los que realmente les podemos aportar valor.