En el marco del Día de la Creatividad y la Innovación, Giulio Franz Marchena Sekli reflexionó sobre la diferencia entre generar ideas e innovar realmente, destacando que la verdadera ventaja competitiva surge cuando el conocimiento, la tecnología y la creatividad se convierten en soluciones capaces de generar impacto sostenible y transformación real.
Existe una trampa conceptual en la que caen con frecuencia tanto las organizaciones como los países: confundir la capacidad de generar ideas con la capacidad de innovar. Son cosas distintas. Una idea es un punto de partida; la innovación es el proceso —exigente, disciplinado y frecuentemente incómodo— de convertir esa idea en algo que transforma una realidad. El Día de la Creatividad y la Innovación es una oportunidad para hacerse la pregunta que pocas instituciones se atreven a formular en voz alta: ¿qué valor tienen las ideas si no somos capaces de convertirlas en realidad?
Para el Perú, esa pregunta tiene una urgencia particular. El país no carece de talento ni de creatividad. Lo que escasea, con demasiada frecuencia, es la infraestructura institucional, empresarial y académica que permite que una buena idea recorra el camino desde la inspiración hasta el impacto. Cerrar esa brecha requiere algo más que entusiasmo: requiere estrategia, investigación rigurosa, visión de largo plazo y, sobre todo, la voluntad de colaborar entre actores que históricamente han operado en silos.
Es en ese contexto donde cobra especial relevancia la mirada del Dr. Giulio Franz Marchena Sekli, profesor e investigador de Centrum PUCP, quien plantea una distinción que merece ser escuchada con atención: las tecnologías como la inteligencia artificial y la automatización no son, en sí mismas, fuentes de ventaja competitiva. Lo que genera ventaja es la capacidad de utilizarlas para transformar conocimiento en soluciones reales. Es una diferencia que parece sutil pero que tiene implicancias enormes para cualquier organización que esté pensando en su estrategia de innovación. Tener acceso a las herramientas no es lo mismo que saber qué hacer con ellas.
Esta distinción conecta con uno de los debates más relevantes en la literatura sobre gestión de la innovación: el de la diferencia entre innovación como evento y la innovación como capacidad organizacional. Las empresas que innovan de manera sostenida no son las que tienen un departamento de innovación ni las que celebran hackatones ocasionales. Son las que han construido culturas, procesos y estructuras que permiten que la creatividad fluya hacia la ejecución de manera sistemática. Esa es la diferencia entre una organización que habla de innovación y una que la práctica.
Centrum PUCP asume ese desafío desde su propia identidad formativa. Formar líderes capaces de innovar con propósito no es una declaración retórica: es un programa de trabajo que implica conectar la creatividad con la ejecución, el conocimiento académico con la realidad empresarial, y la visión individual con el impacto colectivo. Porque al final, innovar no es solo crear. Es construir el futuro con la suficiente inteligencia para saber qué vale la pena construir, y con la suficiente determinación para no detenerse hasta lograrlo.
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