En la edición 191 de la revista Stakeholders, Iván de la Vega, profesor investigador de Centrum PUCP, publicó el artículo “No es la inteligencia artificial: es la convergencia”, en el que analiza cómo la integración de la IA con otras tecnologías emergentes está transformando el trabajo, la productividad y las capacidades que requerirán las organizaciones, y plantea desafíos particulares para América Latina.
La discusión sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo suele concentrarse en una pregunta: ¿la IA reemplazará puestos de trabajo? Para Iván de la Vega, profesor investigador de Centrum PUCP, esta mirada resulta insuficiente para comprender la magnitud de la transformación tecnológica que estamos experimentando.
En su artículo “No es la inteligencia artificial: es la convergencia”, publicado en la edición 191 de la revista Stakeholders, el profesor plantea que la verdadera transformación no proviene de una única tecnología, sino de la convergencia de diferentes desarrollos que han madurado simultáneamente y comienzan a complementarse.
Más allá de la inteligencia artificial
Los modelos de lenguaje constituyen solo la dimensión más visible de esta transformación. De la Vega señala que detrás de ellos confluyen semiconductores especializados, nuevos procesadores, sensores, visión artificial, dispositivos conectados, robótica, baterías de mayor densidad, nuevos materiales, nanotecnología y biotecnología.
La relevancia no está únicamente en el desarrollo individual de estas tecnologías, sino en su capacidad para integrarse. Esta convergencia amplía progresivamente los ámbitos en los que la tecnología puede intervenir: desde actividades predominantemente cognitivas hasta tareas manuales y de servicios.
Este escenario adquiere particular importancia para América Latina, debido a las brechas que mantiene frente a los países líderes en desarrollo tecnológico y a las características de sus mercados laborales.
Productividad, empleo y el desafío para América Latina
El artículo también plantea una reflexión sobre quiénes capturarán las ganancias de productividad generadas por estas tecnologías. De la Vega recoge estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo según las cuales una cuarta parte del empleo mundial se encuentra en ocupaciones expuestas a la inteligencia artificial generativa, proporción que aumenta a un tercio en los países de ingresos altos.
Para el profesor, una menor exposición en economías como las latinoamericanas no debe interpretarse necesariamente como una ventaja. En contextos caracterizados por una elevada informalidad, el debate debe incorporar no solo cuántos puestos podrían transformarse o desaparecer, sino cómo se distribuirán las ganancias de productividad derivadas de la adopción tecnológica.
¿Cómo se formarán los expertos del futuro?
De la Vega introduce además otra dimensión del debate: el impacto que podría generar una reducción en la contratación de jóvenes para posiciones de entrada.
Si las organizaciones utilizan inteligencia artificial para asumir funciones que tradicionalmente constituían el primer escalón de aprendizaje profesional, podrían estar reduciendo al mismo tiempo las oportunidades mediante las cuales se forman los especialistas que necesitarán en el futuro. Lo que puede resultar eficiente para una organización en el corto plazo podría convertirse, de manera agregada, en un desafío para la formación de talento.
El artículo concluye cuestionando que la respuesta frente a esta transformación se concentre exclusivamente en el reskilling o recapacitación de los trabajadores. Si bien desarrollar nuevas competencias será necesario, el autor plantea que el debate debe incorporar también una discusión más amplia sobre cómo se distribuye el valor generado por la tecnología y quién captura sus beneficios.
Desde esta perspectiva, el análisis de Iván de la Vega aporta al debate sobre uno de los principales desafíos que enfrentan actualmente las organizaciones y las economías: comprender la transformación tecnológica no como la irrupción aislada de la inteligencia artificial, sino como una convergencia de tecnologías capaz de redefinir el trabajo, la productividad y la formación del talento.
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