En su más reciente artículo de opinión publicado en Diario El Comercio, Ruben Guevara, director general de Centrum PUCP, destaca el rol clave de la educación ejecutiva como motor de adaptación, competitividad y crecimiento empresarial frente a un entorno global cada vez más incierto.
El entorno empresarial global atraviesa uno de los momentos más dinámicos y desafiantes de las últimas décadas. Los recientes acontecimientos geopolíticos han generado niveles de disrupción sin precedentes en los últimos 50 años, configurando un escenario marcado por la incertidumbre y la complejidad.
Factores como el incremento de aranceles, las restricciones a la movilidad internacional de ejecutivos, la volatilidad en los precios del petróleo, nuevos alineamientos políticos basados en intereses más que en ideologías, el cambio climático acelerado, la inflación, la inestabilidad cambiaria, la irrupción de la inteligencia artificial, el rearme global y el debilitamiento del sistema multilateral están redefiniendo las reglas del juego para las organizaciones.
En este contexto, la capacidad de adaptación se convierte en una ventaja competitiva crítica. Como sostiene Ruben Guevara, la inversión en educación ejecutiva deja de ser una opción para convertirse en una herramienta estratégica. Esta permite a las empresas responder con agilidad a los cambios, identificar oportunidades emergentes, optimizar costos y explorar nuevos mercados.
Asimismo, la formación ejecutiva impulsa la adopción tecnológica y acelera los procesos de innovación, capacidades indispensables para sostener la competitividad en un entorno en constante transformación. A ello se suma su impacto en la calidad de la toma de decisiones, la gestión del riesgo y el fortalecimiento de culturas organizacionales más resilientes y éticas.
Otro aspecto clave es su contribución a la atracción y retención de talento. Las organizaciones que invierten en el desarrollo de sus líderes construyen equipos más sólidos, comprometidos y preparados para enfrentar escenarios adversos, lo que repercute directamente en mayores niveles de productividad y en la consolidación de entornos de negocio más confiables.
En esa línea, las empresas que priorizan el desarrollo de su talento directivo no solo mejoran su desempeño organizacional, sino que también amplían su alcance en mercados nacionales e internacionales. De este modo, se posicionan como actores clave en la dinamización de la economía, promoviendo la inversión, generando empleo de calidad y contribuyendo al desarrollo sostenible y al bienestar general.
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