Hobber Siccha, director consultivo de la Maestría en Gerencia de Tecnologías de la Información de Centrum PUCP, analizó en Gestión cómo modalidades como el wangiri, el quishing y el phishing telefónico elevan los riesgos económicos, operativos y reputacionales para usuarios y empresas.
Las estafas telefónicas y digitales han incrementado su nivel de sofisticación y hoy aprovechan canales de uso cotidiano para engañar a las personas. Entre las modalidades más frecuentes se encuentra el wangiri —término japonés que significa “llama y corta”—, una práctica basada en llamadas breves y reiteradas, generalmente desde números internacionales, cuyo propósito es despertar la curiosidad de la víctima para que devuelva la comunicación. Al hacerlo, la llamada puede ser redirigida a líneas de tarifa premium y generar cobros elevados en pocos segundos.
En declaraciones para Gestión, Hobber Siccha explicó que la tecnología ha mejorado la calidad de vida digital, pero también ha ampliado el campo de acción de la delincuencia cibernética. El especialista advirtió que estas llamadas pueden combinarse con técnicas de ingeniería social para obtener información sensible, mientras que otras modalidades, como el quishing, emplean códigos QR maliciosos que redirigen a sitios web fraudulentos, capturan credenciales o inducen la descarga de software malicioso.
El impacto trasciende al usuario individual. En las empresas, estos ataques pueden afectar la confianza de los clientes, comprometer la reputación de una marca y ocasionar pérdidas económicas. Un código QR alterado en un restaurante, por ejemplo, puede hacer que los clientes asocien una experiencia fraudulenta con el negocio. En entornos corporativos, un correo o archivo malicioso recibido por un colaborador puede convertirse en la puerta de entrada para que un ataque se propague dentro de la red y comprometa información crítica o procesos clave.
Frente a este escenario, Siccha destacó la importancia de fortalecer una cultura preventiva de ciberseguridad. Evitar devolver llamadas desconocidas del extranjero, verificar los enlaces antes de escanear códigos QR, desconfiar de comunicaciones que generen urgencia y revisar cuidadosamente dominios o direcciones web son medidas esenciales. Para las organizaciones, el reto pasa por complementar las herramientas tecnológicas con monitoreo preventivo, políticas de seguridad y capacitación continua para reducir las posibilidades de fraude.
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